Cuando el Marqués parte en un largo viaje, la belleza se convierte en una túnica de seda sin admirar, y el deseo en un fuego sin nadie que lo avive.
Meiyu, la Cuarta Concubina, comienza una danza solitaria para calmar la marea creciente de su aislamiento. Desde las sombras, es observada por Qingyan, la Quinta Concubina: una maestra de la aguja cuyo corazón es tan afilado como sus puntadas.
En el silencio de la Corte Interna, las reglas se deshilachan y la moralidad se olvida. Pero cuanto más se hunden en su obsesión compartida, más caen en la intrincada red de Madama Lin Si.
La verdadera Soberana de la mansión no busca purgar a sus rivales. En su lugar, les ofrece el veneno definitivo: un placer tan divino que las une como una sola, asegurando su trono para siempre.
«Yemas callosas encontrándose con un cuerpo que se mueve en cada pose magnífica... Esta es una dicha que ningún hombre podría jamás proporcionar, pues solo una mujer conoce verdaderamente los secretos de otra».