Abrí una cafetería después de que mi prometido cancelara la boda un día antes. Creí en el dicho de que todo pasa por algo, y quizá era cierto.
Una clienta habitual, Ja —una escritora apodada "la escritora adelantada a su tiempo"— empezó a ir cada día. Sin saberlo, hacía que mi corazón latiera de nuevo. La pensaba, la anhelaba, aunque nunca hablábamos.
Hasta que un día desapareció. No pude más y fui a buscarla.
Entonces me contó que trabajaba en su nuevo y último proyecto de amor: